Cuando la pintura industrial se encuentra con el arte: los acabados de Mestres en las esculturas de Lorenzo Quinn

La pintura industrial suele asociarse a estructuras, maquinaria, arquitectura o componentes metálicos. Pero sus posibilidades van mucho más allá.

En Mestres Pintura Industrial también hemos tenido la oportunidad de aplicar nuestra experiencia en un ámbito muy diferente: el arte contemporáneo, trabajando en los acabados de numerosas obras del escultor internacional Lorenzo Quinn.

 

Lorenzo Quinn: las manos como lenguaje universal

Nacido en Roma en 1966 e hijo del actor Anthony Quinn y de la diseñadora Iolanda Addolori, Lorenzo Quinn es uno de los escultores figurativos contemporáneos más reconocidos internacionalmente.

Estudió en la American Academy of Fine Arts de Nueva York y, aunque inicialmente quería dedicarse a la pintura, acabó encontrando en la escultura el medio que mejor le permitía expresar sus ideas. La influencia de grandes maestros como Miguel Ángel, Bernini o Rodin está presente en una obra centrada especialmente en la figura humana.

 

Uno de los elementos más característicos de su universo creativo son las manos.

A través de ellas, Quinn representa conceptos como el amor, la ayuda, el equilibrio, la confianza, la esperanza o la unión entre las personas. Este lenguaje visual ha convertido muchas de sus esculturas en piezas fácilmente reconocibles.

Entre sus obras monumentales más conocidas encontramos Support, instalada en el Gran Canal de Venecia en 2017, o Building Bridges, presentada durante la Bienal de Venecia de 2019 y formada por seis pares de manos que simbolizan la amistad, la fe, la ayuda, el amor, la esperanza y la sabiduría.

 

El acabado también forma parte de la obra

En una escultura, la forma es fundamental. Pero también lo es cómo esa forma interactúa con la luz, el color y el entorno. Y aquí el acabado desempeña un papel especialmente importante.

Lorenzo Quinn ha confiado en Mestres Pintura Industrial para trabajar los acabados de pintura de numerosas piezas. Se trata de proyectos muy diferentes de los procesos industriales convencionales: piezas únicas, geometrías complejas, grandes volúmenes y superficies en las que cualquier irregularidad puede modificar la percepción final de la obra.

Por este motivo, cada proyecto requiere un trabajo especialmente preciso y una gran atención al detalle.

 

Técnica industrial al servicio de la creatividad

Los acabados metálicos, brillantes o reflectantes que podemos ver en estas piezas no son simplemente una capa final. Contribuyen a definir el volumen, los reflejos, la textura y la manera en que el espectador percibe la escultura.

Es precisamente aquí donde se encuentran dos mundos que pueden parecer muy distintos: el arte y la industria. El artista imagina y crea una pieza con una determinada intención estética; el proceso técnico debe ser capaz de respetarla y trasladarla al acabado final.

Para Mestres, participar en proyectos como los de Lorenzo Quinn es también una muestra de la versatilidad de la pintura industrial y de la capacidad de adaptar los procesos a piezas extraordinarias, tanto por sus dimensiones como por su complejidad o por el resultado visual que requieren.

 

Más de 100 años trabajando superficies. También cuando se convierten en arte.

Desde grandes estructuras hasta elementos arquitectónicos o esculturas, cada superficie plantea unas necesidades diferentes. Y en proyectos como estos, la exigencia técnica se pone al servicio de un objetivo poco habitual: ayudar a dar el acabado final a una obra de arte.

Porque, a veces, la frontera entre industria y arte es simplemente una cuestión de perspectiva. Y detrás de una obra que emociona, también puede haber mucha técnica.